Friday, April 4, 2025
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“He reconectado con mis raíces, después de 33 años”

Por: Claudia Zavala

  “Me llamo Jessica Rodríguez Tobachi. Me dicen Jess. Nací en El Salvador, pero vivo en Madrid, España, desde los 11 años de edad. Ahora que soy adulta, valoro aún más la valentía que tuvo mi mamá de emigrar, dejando a sus 3 hijos y a su esposo en su país, para buscar una mejor vida. Vino a España, porque aquí vivían unas hermanas suyas. Trabajó muy duro, limpiando casas y oficinas, durante 8 meses, para completar el dinero para comprar los 4 boletos de avión y que pudiéramos viajar.

  Hay gente que se tarda años en conseguirlo y mi mamá lo hizo en menos de un año. Ella siempre ha sido para mí un gran ejemplo de lucha e independencia económica, de ser emprendedora, de no darse por vencida ante la adversidad.

  Esos meses que estuvimos separadas, recuerdo haberlos vivido con mucha nostalgia y con un sentimiento profundo de vulnerabilidad… los niños necesitan cuidado siempre, y más a esas edades. Estaba mi padre ahí, pero el amor y la protección de una mamá son insustituibles. Son situaciones que se dan y uno aprende a vivir con eso.

Jessica y su familia

  Llegamos a Madrid, en el verano de 1990. Recuerdo que lo que más me impresionó fue el metro. No podía creer que fuese subterráneo. Todavía recuerdo mi mano agarrada con fuerza al tubo de los asientos, sintiendo cómo se movía aquel vagón. Recuerdo que, justo al llegar, nos llevaron a una iglesia evangélica, donde acudía una de mis tías. Salimos ya como a las 9 de la noche, pero todavía era de día. Yo dije… qué raros son los días aquí, qué laaargos, ¡cuánta luz siendo de noche!

  Integrarme en la escuela española no fue un proceso traumático para mí. Aunque, ahora que recuerdo, mis compañeros me decían ciertas cosas en tono de burla, pero, por mi forma de ser, no me las tomaba en serio, ni dejaba que me afectaran. Mi segundo nombre es Ivette y se escribe ‘Ivette’. Ellos me decían: ‘Ivette y no vuelvas más’.

  Fue tanto el tema con el ‘Ivette’ que, cuando fui mayor de edad, decidí cambiarme el nombre. También me decían ‘Di za-pa-to, marcando bastante la ‘z’ y yo pronunciaba ‘sssapato’, y así… Pero también era una niña sociable y con mucho mundo interior. Eso hizo que pudiese atravesar esa primera etapa, sin mayores dificultades.

Jessica y su equipo de la peluquería

  Cuando ya era adolescente, como con 14 años, mi mamá veía que yo, después del colegio me quedaba en la calle con mis amigas. Y ella, como tenía que estar trabajando siempre, y para evitar que anduviera en malos pasos, me metió a una academia de peluquería, para aprender el oficio.

  Bueno, ella pensó realmente que era una escuela de corte y confección y, cuando llegó a matricularme, le dijeron que la habían cambiado y dijo, bueno, da igual, con que aprenda algo productivo y no pase en la calle, estará bien. Y así fue.

  La peluquería fue el cauce a través del cual empezó a fluir mi creatividad. Me encantó todo lo que aprendí. Cuando me gusta algo, soy bien intensa y tengo hiperfoco, hasta que lo aprendo todo, no paro. Hice las prácticas y vieron que era buena de verdad y me dieron trabajo. Con 16 años, ya tenía claro que quería dedicarme a eso. Estuve la primera etapa como aprendiz y luego me contrataron. Trabajé 7 años con mi primera jefa.

Jessica y su esposo

  Una tarde de domingo de discoteca, conocí a quien se convirtió en mi esposo, Leo. Él se acercó con sus amigos y empezamos a bailar. Conectamos muy bien y empezamos a salir. Leo es de Nigeria. Llegó a España, cuando tenía 15 años. Cuando nos conocimos, yo tenía 18 años y él 20. Recuerdo que, antes de casarme, gente conocida e incluso familiares, me decían ‘¿Eres consciente de que, si te casas, vas a tener hijos negros, verdad?’.

  A mí eso me impresionaba muchísimo… porque era algo en lo que yo jamás pensaba. ¿Qué importa el color de piel de la persona que quiero y que me quiere? Para mí, lo importante es que sea una buena persona y podamos crecer juntos. Leo, además, es un hombre con mucha capacidad de aprendizaje. En lo que lo pongan, él aprende y se especializa al máximo.

  Recuerdo que, iniciando nuestro noviazgo, mi mamá le consiguió un trabajo como peón de obra… empezó desde cero, pero por su entrega y dedicación, llegó a dirigir una cuadrilla de 100 obreros. Así es él. Nos casamos el 26 de abril de 2008. Con el tiempo llegaron a nuestras vidas Nayra, Uma e Ivy … nuestras hijas.

ESCUCHA LA HISTORIA COMPLETA DE JESS AQUÍ: https://www.youtube.com/embed/73wbKCzZWic

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