Job: 5:19

Recuerdo bien, que fue tanto el impacto que generó ese proyecto, que teníamos una reunión semanal en el lugar conocido ese entonces como “Redondel Masferrer”, y a la semana siguiente, en otro “bebedero” llamado “Las Hamacas”, por la Colonia Rábida, pues la directiva, estaba formada, por miembros de la “Juventud Nacionalista”, incluyendo su vicepresidente y también incluíamos, representantes de las ciudades más populares de El Salvador, como Apopa y Soyapango.
Fue en medio de este atropelladero, que un día antes que terminase el proyecto, por que terminó el domingo que perdimos 4-2, un amigo, que conocí en este medio, sale a media noche, de un hotel capitalino, donde estaba hospedada la selección de fútbol de Costa Rica, a quienes llevábamos serenata de bocinas de más de cincuenta automóviles.
Sin exagerar, este amigo, salía de una reunión, con los demás medios nacionales e internacionales, y recuerdo que me avisó, que la policía venía en camino, que ya le habían llamado las autoridades del hotel, y me propuso algo: si desde el final de la calle, el tocaba dos veces la bocina de su carro, y apagaba y encendía las luces delanteras, también en dos oportunidades, es que los “gendarme”, ya estaban en el lugar, y teníamos que escapar.
Y respetando, lo acordado, no tocó nada, ni apagó nada, pues no habían “moros en la costa”, nos quedamos ahí, sin dejar de sonar el “claxon”, hasta que minutos después llegó la autoridad y todos salimos en desbandada, pero ahí, de esa forma, me di cuenta, que era “buena gente”, Tony Saca.
Ahora bien, después de esa experiencia, hubo muchos sueños, hubo mucha ilusión, horas y horas de pláticas, horas y horas de especies de ensayos, pero nada concreto, solo nombres como “Los toques”, y la tan añorada “La cura”, pero eso, no respondía, a una falta de talento, no, tampoco a una falta de ánimo, o de labor o calidad creativa.
DIOS TE HA DADO UN DON
Porque se tenía por gracia de mi Señor, a montones, sino, que todo quedó en la tecla de “Stand by”, porque no respondía nada de ello al propósito de mi Señor, que aquella noche, a través de la sierva, me lo dijo: “Dios te ha dado un don, y con ese don, quiere que le sirvas, y de ese don vivirás, y mantendrás a tu familia”.
Pocas palabras, pero con un hondo significado y un valor infinito, que despertó en mi ser, la más grande necesidad, que pude haber sentido alguna vez, por entender el propósito de mi Señor en mi vida, cuál era mi lugar, qué debía hacer, para qué había venido a este mundo, lo que quizás nunca llegué a comprender en su totalidad, hasta más de veinte años después, que:
“Bien has visto, porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra”, mi tiempo, mi pensamiento, no es el pensamiento, ni el tiempo de mi Señor, y lo que él ha dicho, se hará, simplemente porque él es Dios, y soberano, porque no es como yo lo piense, ni como yo lo busque, ni cuando yo me proponga, sino, cuando mi Señor, me tenga misericordia.
“LO VIL DEL MUNDO Y LO MENOSPRECIADO ESCOGIÓ DIOS, Y LO QUE NO ES, PARA DESHACER LO QUE ES”
Era de sobremanera difícil en esa mañana ver para otro lugar, lo cual contrastaba con la melodía que sonaba, una canción muy romántica del canta-autor de origen mexicano Marco Antonio Solís, que entonaba románticamente “si te podría mentir, te diría que aquí, todo va muy bien”, nada más desajustado para el momento.
Un hombre -yo- abandonado por su “amor”, un hombre -yo- con el corazón roto, igual que aquel, que en ese momento, no solo estaba en un lugar donde nunca pensó estar, y viendo entre las piernas de una señora de unos setenta y tanto años de edad, de más de doscientos cincuenta libras de peso, y por qué le veía ahí?
No era morbo ni nada, sino porque ella misma abrió sus piernas, mientras fumaba uno tras otro, veintiún “puros”, por los cuales yo había pagado antes la cantidad de mil quinientos colones, y fue ella misma quien sugirió que estuviese pendiente de los trozos de puro encendido que caían al piso, porque según ella, tenían un significado como caían al suelo y su forma, por lo cual era ineludible dejar de verle en esa mañana, cuando soplaba un brisa muy fresca, en el patio de su casa, en la colonia Centroamérica de San Salvador.
Ella sentada y al lado una especie de “costalito” repleto de sus “instrumentos” de trabajo, los tomaba, cerraba sus ojos y decía algo en voz muy baja, y luego lo encendía y comenzaba a fumarlo, yo estaba a unos tres metros y medio frente a ella, por lo que no había otro lugar adonde ver, reitero, y la música, que sonaba esa mañana, hace recordarme muy bien de ese instante, por ser tan opuestos una cosa con la otra.
Esa misma señora, fue foco de mi atención y motivo para desperdiciar grandes cantidades de dinero en ese entonces, mi tiempo, y resistencia moral, ya no digamos espiritual, por la mezcla de dos elementos muy volátiles en ese momento, mi desesperación, y mi ignorancia total, sobre ese tema.
Leyendo el periódico, por aquellos días, era muy fácil encontrar avisos clasificados, en los que se promocionaban ese tipo de “servicios”, asegurando buenos resultados, que su gran amor, volvería, y lo que más me llamaba la atención es, que no se consignaba absolutamente nada en lo referente al dinero, sino que el gancho.
Es el servicio, discreto y rápido, pues en menos de quince días, garantizaban los resultados; y esa fue mi excusa para ir a tocar la puerta de esa señora, me atendió dentro de su habitación, había puesto en la puerta de entrada, un pequeño escritorio, e hizo la rutina de las cartas, dejándome a mí que las “partiera”, en dos ocasiones, y ella me daba información acerca de mi vida, lo curioso del caso, es que me la describió, a “ella”, morena.
En lo que respecta a mis semanas, como cliente de esa señora, recuerdo muy bien dos eventos más, me veo, caminando desde “metrocentro” hasta la casa de ella en la colonia Centroamérica, cargando, y habiendo gastado poco más de quinientos colones, en aceite “mazola”, carne de cerdo y carne de res, todo eso, en grandes cantidades por supuesto.
Con mucha dificultad y esfuerzo me cruzaba las calles, llevando las enormes bolsas que se me escapaban a romper, abriéndome paso por entre el pesado trafico cuando crucé el boulevard de “Los Héroes” en horas pico del mediodía. Y ese fue el final de lo que en ese día resultó ser, una completa faena, reunir semejante cantidad de dinero, cuando yo no tenía trabajo, pues había renunciado a la Universidad de El Salvador, a la Facultad de Derecho, lo que se hizo posible, combinando un poco de paciencia y una buena mentira.
Ese mismo día, por lo menos seis horas y media antes, fui adonde mi amigo Tony Saca, a esas horas, podía hablar con él tranquilamente, al salir del programa de “Domingo Trinquete”, pero ese día, no llegó, lo haría hasta como a las diez, ahí comenzó lo difícil de la tarea de reunir semejante cantidad, que ya me había comprometido a obtener, por lo que de nada desmotivado, sino más bien, con una extraña sensación que si la iba a conseguir, me imagino ahora, movido por el amor perdido, me fui a esperar esas casi dos horas en el parque de la colonia Centroamérica.
Me imagino haber caminado muchos kilómetros ese día, y con ropa muy formal, pues, supuestamente andaba buscando trabajo, sin comer, y sin ningún centavo, a las diez y media, me recibía Tony, y él me da los quinientos colones, luego de decirle, que los necesitaba para medicinas de mi mamá – él siempre me contestaba: “nombre, no jodás, si para eso están los amigos, si no me jodés vos, quien me va a joder”
Y yo me iba con mucho más entusiasmo, pues me decía a mí mismo, me engañaba a mí mismo, diciendo, esto va a funcionar, ella va a regresar y vamos a ser muy felices (que tonto).
El otro componente serio de dificultad, para conseguir todo lo que esa mujer me había pedido, para hacer dos muñecos, uno para mi amor, y otro para su madre, fue el cambiar el cheque, por que Tony, no me lo dio en efectivo, me formó al final de una larga fila, y resulta que no era ese el
banco, el tiempo trascurría, y esa mujer me había dicho, que lo necesitaba para al mediodía, sino, no respondía.
Con los rayos del sol, muy fuertes y el calor igual, no tomé en cuenta el clima, ni el infortunio que me rodeaba, y fui al banco correcto, cambió el cheque, y voy a comprar las cosas que se me habían encargado.
Recuerdo bien la mentira, con la que me sedujo esa señora: “a ella se la han robado, la mamá de ella, le trabajó, a ella se la arrebataron a usted, y tenemos que comenzar ya a trabajar, deme mil quinientos colones” y va el tonto y se lo da, esa tarde llego a mi casa, y como llegaba sin ese dinero, que era lo último que me quedaba de mi empleo en la universidad, invento, trágicamente, que me asaltaron en el bus, y me robaron, los mil quinientos colones.
Y después de pasar casi dos horas, viéndole entre las piernas a esa señora, me dice, con seguridad, porque para eso son buenas, para mentir: “ella está desesperada, ya le va a llamar, ya van a estar juntos, porque la veo que está ansiosa, mire como se prende!- los trozitos de chispas que salían del puro- quiere cama- me decía- cuando caía un trozo considerable del puro al piso, de una forma muy particular”.
Y lo más curioso del caso, que ese día me llama a la media noche, pero no para pedirme cama, ni para decirme que quiere volver, sino para ofenderme y decirme las palabras más duras y amargas que no imaginé nunca escuchar de su boca alguna vez.
Este testimonio continuará en nuestra próxima edición
*José Rigoberto De Orellana Eduardo, es abogado y notario salvadoreño y predica la Palabra de Dios