Por: Ana Mercedes Miranda
El sol las vistió con su luz a raudales
Y les imprimió vigor, viveza, energía,
Que se luce hasta en toscos ramales
Cuya sola visión causa alegría.
-Las flores amarillas, bello obsequio;
Quien las da entrega esperanza,
Así como mucho y grande afecto,
Un cariño que es como alabanza.
-Qué hermosura recibir un girasol,
De pétalos sonrientes cual luceros,
Con caritas que buscan, persiguen al sol
Que recorre en el cielo marcados senderos.
-Divino ese muro tapizado con San José,
Amarillo vibrante, un tono hasta sonoro,
Por lo intenso, lo profundo, sí lo sé,
Que también hasta lo llaman Copa de Oro.
-Recibir un ramo de risueñas flores amarillas,
Es aceptar un presente de muchos solecitos,
Que apretados en el cristalino búcaro, brillan,
Te dan calor, caricias, así, muy quedito.
-Ah, qué bellas las brillantes flores amarillas,
Quisiera lucirlas enredadas en mi cabeza,
Tiara viva que baje como grácil gargantilla
Hecha de la más pura y radiante naturaleza.
