
LA PALABRA EXPUESTA
“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:1-5)
Este capítulo trata acerca de la oración más hermosa jamás hecha. Es la oración del Hijo al Padre porque ha llegado la hora de su sacrificio en la cruz. Es la oración distinta a la del Getsemaní, la que estuvo llena de agonía, porque esta petición es ser glorificado para que pueda glorificar al Padre. Jesús sabe que ha cumplido la misión encomendada en la tierra, ahora solicita recuperar la gloria que tenía junto al Padre antes de la creación. Es pues, la oración más íntima hecha a Dios.
“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo”. Con esta frase Jesús da inicio a oración más solemne jamás pronunciada, mostrando su actitud de reverencia y conexión directa con Dios Padre. En lugar de cerrar los ojos, los levantar al cielo como en búsqueda de dependencia espiritual. Jesús está a punto de comunicar algo de suma importancia. Juan fue testigo ocular y por eso nos deja el contenido de aquella tierna y sentida oración.
James Bartley dice esta oración lo siguiente: “El ejemplo de Jesús orando nos permite contemplar, como en ningún otro lugar, su íntima relación con el Padre, su preocupación sincera por el bien de sus discípulos y su anticipación de muchos que habrían de creer en el futuro por el testimonio de los suyos”.
Por otro lado, un autor llamado Hull dice que sólo Jesús podría orar en tal manera, combinando así el completo sometimiento al Padre y la completa soberanía sobre los hombres.
HA LLEGADO EL MOMENTO
“Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti” Jesús reconoce que ha llegado el momento decisivo de su misión: la cruz. Y con la confianza de Hijo se dirige a su Padre, como en tantas ocasiones, para ser glorificado, es decir, para que manifieste su divinidad y propósito a través del sacrificio. Veamos cómo esta oración no busca la gloria personal, sino que esa glorificación sirva para exaltar al propio Padre. Así es como se ora.
“… para que dé vida eterna a todos los que le diste.” Jesús afirma que Dios le ha concedido autoridad sobre toda la humanidad. Esta autoridad no es para dominar, sino para dar vida eterna a quienes el Padre le ha confiado. Subraya la soberanía de Dios en la elección y el don de la salvación. Refleja el amor de Dios que se extiende a todos, pero en particular a los creyentes. La vida eterna es el regalo supremo ofrecido mediante Jesús. Él vino para traer esa vida eterna.
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” He aquí la definición de Jesús acerca de la vida eterna: que se conozca a Dios de manera personal y verdadero. No se trata solo de existencia sin fin, sino de una relación íntima con el Padre y con el Hijo. Jesús ora diciendo que no hay muchos dioses, sino un Dios único y verdadero, pero que también hay un solo enviado de Dios, Jesucristo, su Hijo único.
MISIÓN CUMPLIDA
“Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.” Esto es como si Jesús dijera: “Misión cumplida”. Y así fue, Jesús cumplió fielmente la misión encomendada por el Padre. Su vida y sus obras han dado gloria a Dios, mostrando su carácter y plan al mundo. Esta es una frase que resalta la obediencia total de Jesús hasta el final. Jesús le dije al Padre que su nada quedó pendiente. Es una afirmación de victoria y cumplimiento antes del sacrificio final.
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” ¡Qué palabras! ¡Qué oración tan sublime! Si algo sabía Jesús es acerca de la gloria original que gozaba con su Padre antes de venir y tomar forma de hombre, revelando su preexistencia y divinidad.
Esa la comunión perfecta con su Padre la que desea tener después cumplir su misión terrenal. Jesús tuvo una gloria limita al hacerse hombre, ahora su oración es para volver a disfrutar de ella en su regreso al Padre. Al final, ese fue su derecho.
Este es un texto que nos enseña a orar, reconociendo nuestra dependencia de Dios y el propósito mayor de exaltarlo. Además, nos inspira a cultivar una relación íntima con el Padre, sabiendo que la vida eterna consiste en conocerle. Finalmente, nos recuerda la importancia de cumplir con fidelidad la misión que Dios nos ha encomendado, como lo hizo Cristo hasta lo último.
GLORIFICA A TU HIJO
¿Qué reveló Jesús en esta oración con las palabras: “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti” acerca de la misión encomendada por Él?
El Rey de reyes; el Señor de señores, pide a su Padre le reinstaure aquella GLORIA que dejó en el cielo para venir al oprobio de convertirse en un feo embrión, un feto, un bebé y un niño al que su madre reprendió al encontrarlo “perdido” en el templo de Dios.
Cuando pienso en todo eso, a lo que se sujetó mi Redentor, tengo que exclamar: ¡Gracias a Dios por Su don inefable!
Dios glorificó a Jesús permitiendo que fuera crucificado y luego levantándolo de la muerte. Jesucristo a su vez glorificó a su Padre a través de su muerte y por su victoria sobre Satanás en la cruz. Lo que trae gloria a Jesucristo también trae gloria a Dios.
Dios ya había glorificado a Cristo dándole potestad sobre toda carne (Juan 3:35; 5:27). Esta autoridad le fué dada para que Jesús pudiera darle vida eterna a todo aquel que Dios le había dado ( Juan 6: 37-40).
Julio Ruiz es pastor de la Iglesia Bautista, Ambiente de Gracia, ubicada en la 5424 Ox Rd. Fairfax Station, VA 22039 Tel. 571-251-6590 (pastorjulioruiz55@gmail.com)
