Por: Fredis Pereira, máster en administración y gerencia pública
La gestión curricular es un elemento descuidado por los gobiernos disfuncional de la Universidad de El Salvador (UES). Las reiteradas acreditaciones no han servido para mejorar la gestión curricular, que ahora se conduce desorienta, en detrimento de la calidad educativa, faltando a los principios de responsabilidad y lealtad que establece la Ley de Ética Gubernamental.
El descuido de los procesos de capacitación en gestión curricular es parte de la gestión desorientada. Ante la solicitud de información sobre los planes de capacitación se ha resulto la inexistencia de tales documentos. Los pocos esfuerzos de capacitación son desarticulados, sin cobertura para todo el personal académico. La existencia del Instituto de Formación y Recursos Pedagógicos es desaprovechada, y en la selección de los beneficiarios de los esporádicos cursos de capacitación no se ha cumplido el principio de igualdad de oportunidades.
La inexistencia de procedimientos sistematizados es parte de la gestión curricular desorientada. El Consejo Superior Universitario como máxima autoridad en administración y docencia de la Universidad de El Salvador, no ha garantizado la existencia de un manual de procedimiento que establezca la descripción de los pasos y etapas para elaborar propuestas de cursos en la institución. Tampoco ha garantizado la existencia o difusión de una guía técnica para orientar la actividad docente en materia de diseño curricular por competencias.
La falta de compromiso por la calidad se expresa en la gestión curricular desorientada. Se han esmerado en conseguir acreditaciones con el solo afán de presentarlos como logros de la gestión, pero se falla en lo medular, que es la actualización del personal. Esto se expresa al extremo de que, ante solicitudes de capacitación y asistencia técnica sobre gestión curricular, no se responde como legalmente están obligados. Además, se llega al extremo de delegar el diseño de cursos sobre tecnología a personal que carece de experticia. Esto se debe a que la distribución de la carga académica no es producto de un análisis técnico conforme a los parámetros de la calidad educativa.
La falta de controles administrativos en la gestión sostiene la gestión curricular desorientada. El Consejo Superior Universitario se habitúa a manifestar que, debido a la autonomía de las facultades, no puede ejercer control sobre las actividades que se desarrollan o sobre las omisiones. Se le olvida el contenido de las normas de control interno, y se aparta de los parámetros de la buena administración, cuando no investiga el cómo se desarrollan las funciones institucionales en las diferentes facultades, dejando así de cumplir su deber de dirigir y administrar la Universidad de El Salvador, para responder proactivamente a las desviaciones.
La gestión curricular desorientada desperdicia los recursos institucionales. Por un lado, porque no aprovecha las habilidades y formación del personal, en especial de aquellos que tienen el grado de doctor en educación. Y por otro, porque no sistematiza la experiencia profesional del personal, al no existir mecanismo sistematizados que permitan y faciliten la transferencia de las experiencias y lecciones aprendidas, para fortalecer así el desempeño institucional.
La gestión curricular desorientada consolida un círculo vicioso de atraso. Por un lado, porque la formación profesional se fundamenta en la gestión curricular, y al descuidarse se afecta el desempeño institucional en relación con el cumplimiento de los fines institucionales. Por otro lado, afecta negativamente el desarrollo humano del pueblo salvadoreño, que a su vez se transfiere, a los desempeños en diferentes ámbitos de la sociedad, afectando así negativamente el aprovechamiento del potencial productivo en El Salvador.
