
Hay lugares hermosos y existen lugares que parecen haber sido diseñados para dejarnos sin palabras. Suiza pertenece a estos últimos. Entre montañas cubiertas de nieve, lagos cristalinos, pueblos que parecen salidos de una pintura y ciudades impecables, este pequeño país europeo podría competir fácilmente por el título del país más hermoso del planeta Tierra.
Nuestro viaje comienza en Zúrich, la ciudad más grande de Suiza y una extraordinaria puerta de entrada al país. Su casco antiguo, sus elegantes calles, la famosa Bahnhofstrasse y el espectacular lago de Zúrich crean una combinación perfecta entre historia, naturaleza, lujo y modernidad.

Aunque muchos viajeros creen que Zúrich es la capital, la capital federal de Suiza es Berna, una bellísima ciudad medieval cuyo centro histórico invita a caminar sin prisa.

Una de las características más fascinantes del país es su diversidad cultural. En Suiza conviven cuatro lenguas nacionales: alemán, francés, italiano y romanche. Es como visitar diferentes culturas sin abandonar un mismo territorio.

Situada en el corazón de Europa, Suiza comparte fronteras con Francia, Alemania, Austria, Italia y el Principado de Liechtenstein. Los majestuosos Alpes dominan buena parte de su paisaje y convierten cada recorrido en una postal.

Y viajar por Suiza también significa comer. Su gastronomía nos regala el famoso fondue de queso, raclette, rösti, extraordinarios chocolates y una enorme tradición de quesos. Cada región incorpora además influencias francesas, alemanas e italianas.

Desde Washington D.C. hasta Zúrich hay aproximadamente 4,150 millas —6,680 kilómetros— en línea aérea, convirtiendo este paraíso europeo en un destino perfectamente alcanzable desde la capital estadounidense.
Suiza no solamente se visita: se contempla, se saborea y se recuerda.

Desde las aguas del lago de Zúrich hasta las cumbres blancas de los Alpes, viajar por este país es descubrir que algunas veces la naturaleza y el ser humano consiguen crear juntos algo extraordinario.
Suiza: un pequeño país con una belleza inmensa, donde la Tierra parece haber tocado el cielo.
