La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entró el miércoles en una nueva fase, después de que Israel bombardeara el yacimiento de gas iraní Pars Sur, la mayor reserva conocida de gas natural del mundo. El ataque provocó incendios de gran magnitud en una refinería y en instalaciones petroquímicas que procesan la mayor parte del suministro interno de gas natural de Irán.

En respuesta, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán atacó infraestructuras energéticas en diversas partes de la región del golfo Pérsico. En cuestión de horas, misiles iraníes causaron grandes daños en el complejo Ras Laffan de Catar, que gestiona casi el 20% de las exportaciones mundiales de gas natural licuado.
Otros ataques de Irán dañaron dos refinerías en Kuwait; dos yacimientos petrolíferos en los Emiratos Árabes Unidos; y una refinería del gigante petrolero Saudi Aramco en el puerto de Yanbu, una terminal petrolera de importancia crítica en el mar Rojo situada lejos de Irán, en la costa occidental de Arabia Saudí.

La escalada de ataques desató el pánico en los mercados mundiales y disparó el precio del petróleo hasta los 118 dólares por barril. Varios Gobiernos de Asia están racionando el combustible, recortando servicios públicos y acortando la semana laboral para ahorrar energía.
En Estados Unidos, los precios del combustible están en su nivel más alto desde 2023 y se espera que sigan subiendo. El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, habló el miércoles sobre el aumento vertiginoso de los precios del combustible después de una reunión en el estado de Michigan con el Instituto Estadounidense del Petróleo.

Vicepresidente J.D. Vance: “No va a durar para siempre. Nos vamos a encargar del asunto. Vamos a volver a casa. Cuando eso suceda, van a ver que los precios de la energía bajarán y volverán a la normalidad. Pero, mientras tanto, tenemos un problema. Sabemos que tenemos un problema. Estamos haciendo todo lo posible para abordarlo”. (Fuente: Democracy Now)
