
Lectura bíblica sugerida: Éxodo 24:1–18.
Versículos clave: Éxodo 24:3–8, 9–11, 12–18.
Después de recibir las ordenanzas del pacto, Israel llega a un momento solemne: la confirmación del pacto con Jehová. Éxodo 24 muestra al pueblo respondiendo a la palabra de Dios, a Moisés escribiendo las palabras del Señor, al altar siendo levantado, a la sangre siendo rociada y a los representantes de Israel subiendo para contemplar una manifestación de la gloria divina. Así, pues, el Dios que redimió a Israel de Egipto no solo le da leyes; establece una relación formal con su pueblo. Sin embargo, la confirmación de este pacto también enseña la importancia de acercarse a Dios a través de una mediación, sacrificio y reverencia.
“Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová…” (v. 1). El capítulo comienza con una invitación limitada y ordenada. Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos son llamados a acercarse, pero no todos de la misma manera. Moisés tendrá un acceso único, mientras los demás adorarán desde lejos. Esto nos recuerda que la cercanía con Dios es gracia, pero siempre bajo los términos que Dios establece.
Douglas Stuart observa que Éxodo 24 funciona como la ceremonia formal de ratificación del pacto sinaítico. La palabra, el altar, la sangre y la comida pactal muestran que Israel queda constituido como pueblo comprometido con Jehová. Fuente: Douglas K. Stuart, Exodus, The New American Commentary, comentario a Éxodo 24.
“Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová…” (v. 3). Antes de responder, el pueblo escucha. La fe del pacto no se fundamenta en emoción religiosa, sino en la palabra revelada. Israel responde: “Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho”. Esta respuesta es apropiada, pero también solemne. Prometer obediencia delante de Dios es un asunto serio; el pueblo está aceptando vivir bajo la autoridad del Señor que lo redimió.
“Moisés escribió todas las palabras de Jehová…” (v. 4). La palabra hablada se convierte en palabra escrita. Esto preserva el pacto y evita que la memoria humana lo distorsione. El pueblo no debía vivir guiado por impresiones vagas, sino por la revelación establecida por Dios. La Escritura sirve como testimonio permanente de lo que Jehová ha dicho.
“Y Moisés tomó la mitad de la sangre… y la otra mitad la roció sobre el altar” (v. 6). La sangre ocupa un lugar central en la ratificación del pacto. Una parte se aplica al altar y otra al pueblo. Esto muestra que la relación entre Dios e Israel no se establece sin sacrificio. La sangre comunica consagración, purificación y seriedad pactal. El pecado no permite acercamiento casual a Dios; la comunión requiere mediación.
“Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo…” (v. 7). El pueblo escucha nuevamente la palabra antes de ser rociado con sangre. La obediencia del pacto no puede separarse de la revelación del pacto. Israel responde otra vez: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”. Esta repetición intensifica el compromiso. No se trata solo de entusiasmo, sino de una entrega formal a la voz de Jehová.
“Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo…” (v. 8). Moisés declara: “He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros”. Esta frase es una de las más importantes del capítulo. La sangre confirma la relación pactal entre Dios y su pueblo. Años después, Jesús usará un lenguaje semejante al instituir la cena del Señor: “esta es mi sangre del nuevo pacto”. Así, Éxodo 24 anticipa la verdad de que la comunión con Dios se sostiene por una sangre mejor y definitiva.
“Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel” (v. 9). Después de la ratificación con sangre, los representantes del pueblo suben al monte. La sangre precede a la comunión. Esto es esencial: primero el pacto es confirmado; luego hay acceso y adoración. Nadie se acerca a Dios por derecho propio. La comunión es don de gracia establecido por mediación.
“Y vieron al Dios de Israel…” (v. 10). Esta expresión debe entenderse con reverencia. El texto no describe una visión completa de la esencia divina, sino una manifestación concedida por Dios. Se menciona el pavimento bajo sus pies “como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno”. La escena transmite gloria, pureza y majestad. Israel aprende que el Dios del pacto es santo, hermoso y trascendente.
C. J. Ellicott observa que la descripción se concentra no en la forma de Dios, sino en lo que está bajo sus pies, subrayando la reverencia del relato y evitando toda representación indebida de la divinidad. Fuente: C. J. Ellicott, Ellicott’s Commentary for English Readers, comentario a Éxodo 24:10.
“Y comieron y bebieron” (v. 11). Esta frase es profundamente significativa. Los representantes de Israel no son destruidos; comparten una comida en presencia de Dios. En el mundo bíblico, comer juntos confirmaba comunión, paz y relación pactal. El Dios santo, que había descendido en fuego, ahora permite una mesa de comunión con su pueblo representado. La sangre del pacto abre camino a la comunión del pacto.
“Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte…” (v. 12). Después de la ratificación, Moisés es llamado a subir más alto para recibir las tablas de piedra, la ley y el mandamiento. La vida del pacto continuará dependiendo de la instrucción divina. Dios no solo perdona y recibe; también enseña cómo debe vivir su pueblo.
“Moisés entró en medio de la nube, y subió al monte…” (v. 18). El capítulo concluye con Moisés entrando en la nube de la gloria de Dios durante cuarenta días y cuarenta noches. La nube comunica presencia, misterio y santidad. El mediador entra donde el pueblo no puede entrar. Esta escena anticipa la necesidad de un mediador mayor, Cristo, quien no solo entra en la presencia de Dios, sino que abre el camino para su pueblo mediante su propia sangre.
Verdades teológicas
1. El pacto de Dios se fundamenta en su palabra revelada.
2. La obediencia del pueblo debe ser respuesta seria a la gracia recibida.
3. La comunión con Dios requiere mediación y sangre.
4. La sangre del pacto señala consagración, purificación y pertenencia a Dios.
5. El pacto no es meramente individual, sino comunitario: todo el pueblo es llamado a obedecer.
6. Dios concede comunión a su pueblo sin dejar de ser santo y glorioso.
7. Éxodo 24 anticipa la plenitud del nuevo pacto confirmado por la sangre de Cristo.
Preguntas para nuestra reflexión
¿Por qué era necesario que el pueblo escuchara la palabra antes de comprometerse a obedecer?
¿Qué enseña la sangre rociada sobre el altar y sobre el pueblo?
¿Cómo se relacionan sacrificio y comunión en este capítulo?
¿Qué nos enseña la comida delante de Dios sobre la gracia del pacto?
¿Cómo apunta “la sangre del pacto” hacia la obra de Cristo?
Aplicación para nuestra vida espiritual
Éxodo 24 nos recuerda que no puede haber comunión verdadera con Dios sin palabra, obediencia, mediación y sangre. Israel fue llamado a escuchar, responder y vivir bajo el pacto. Pero este capítulo nos revela una sombra gloriosa y una realidad mayor cuando lo comparamos a la luz de Cristo, poque Él derramaría la sangre del nuevo pacto, para perdón de pecados y para abrirnos acceso a Dios. De esta manera, la mesa de comunión con Dios ha sido abierta por Cristo; acerquémonos con reverencia, gratitud y obediencia.
La oración de la palabra expuesta
Señor, gracias porque nos llamas a comunión contigo por medio de tu pacto. Enséñanos a escuchar tu palabra con reverencia y a obedecerte con fidelidad. Gracias por la sangre de Cristo, superior a toda sangre de sacrificios antiguos, que nos limpia y nos acerca a ti. Haznos un pueblo consagrado, agradecido y obediente. En el nombre de Jesús. Amén
Julio Ruiz es pastor de la Iglesia Bautista, Ambiente de Gracia, ubicada en la 5424 Ox Rd. Fairfax Station, VA 22039 Tel. 571-251-6590 (pastorjulioruiz55@gmail.com)
