Saturday, March 7, 2026
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“En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal.”

Job: 5:19

Por: José Rigoberto De Orellana Eduardo*

TESTIMONIO DE VIDA

  “HE AQUÍ, AUNQUE ÉL ME MATARE, EN EL ESPERARE”. Puedo decir con toda seguridad, que Dios es Soberano, e implacable, que aun a pesar del sin sabor que a continuación narro, estoy absolutamente seguro, que mientras escribo estas letras, y todavía no veo el destello resplandeciente incandescente, de albura tan pura que lastima hasta mirarle, de su gloria, se, lo sé, que pronto está mi tercer día, día de restauración, día de victoria, día de resurrección.

  Pienso que el escritor de la Biblia, en lo referente a la cita antes señalada, como título del presente capitulo, tiene la plena convicción, que lo que está pasando, no es su última condición, que esto, como en otras veces, también pasará, que todo tiene su tiempo, y que El Señor, así como permitió que sucediera, él, y solo él, lo levantará, de ahí que es uno de mis versículos favoritos.

  Dos nuevos intentos de suicidio llegaron a mi vida entre el 2010 y el 2013, en el primero tomé 60 sedantes, tras la partida de mi mamá con el Señor, sabía perfectamente que se encontraba con Dios en los cielos, pero su vacío, como hasta el día de hoy, ahí ésta.

  Septiembre de dos mil nueve y el lugar que teníamos para el ministerio Sion del Santo de Israel nos lo piden, y una noche al terminar un culto, con una mezcla de tristeza y misión cumplida, desocupamos, y de un momento a otro, quedé sin ministerio y comencé a congregarme con mi mamá en el templo cristiano de las asambleas de Dios, del Liceo Cristiano, que fue donde recibí al Señor cuando era un niño.

  Mientras buscábamos locales para emprender nuevamente la misión de predicar la palabra de Dios en una iglesia, el evangelismo nunca se detuvo de nuestra parte.

  En el mes de noviembre de ese mismo año, mi mamá tiene que ir al seguro social, al control mensual de sus bronquios y yo como siempre, la llevo, y la dejo ahí y me voy a Digapán, en Santo Tomas, al regresar, le dije que no se asoleara, pues no me gustaba que me esperara allá afuera, mientras yo llegaba.

  Al regresar, le llamo una y otra vez y no me contesta, eso me parece extraño, pero lo peor está por sucederme, me contesta una vos de mujer extraña y me dice que entre al parqueo y yo sé que no lo permiten y se lo hago saber a ella, pero ella me responde que a mi si me dejarán.

  Entro al parqueo de ese lugar, me bajo del carro y veo que todos me ven, preocupados y me dan paso, llego hasta la sala de suma urgencia y encuentro a mi mama en una camilla, golpeada por un vehículo.

TERRIBLE MOMENTO

  Me es muy difícil en extremo escribir estas líneas, me duele el pecho, pero sé que el Señor me permite hacerlo con un propósito, en el cual, su nombre será exaltado; ¿por qué difícil?, pues ese mismo día amanecí con mi madre con vida, a mi lado, y a la una de la tarde ya había partido y me había quedado solo, destrozado, hecho pedazos por completo, y con mis brazos levantados de rodilla junto a mi hermana Jackelin, diciendo en medio del dolor y de las lágrimas “Gloria A Dios”.

  Regresé a casa después de la inhumación y ese día, en la lectura diaria, que hasta un día antes, siempre la hice con mi mamá, me tocaba leer Salmos 23, Jehová es mi pastor, y nada me faltará; esa noche dormí solo, por primera vez en mi casa, como era de esperarse, no dormí, pasé llorando.

  Cuando me sentaba a la mesa, en el lugar adonde siempre leía la Biblia con mi mamá, por la madrugada y por la tarde, le decía al Señor: “Esto es muy fuerte Señor, es muy fuerte, no lo voy a soportar, no puedo”; y como es obvio hay de sobra palabra de hombres, desde un vecino que me dijo que a Faraón también Dios lo trató de esa manera, hasta aquel pastor que llegó a mi casa y me dijo, “no me gustaría estar pasando por lo que usted está viviendo”, y recuerdo que ese día  me encerré y dije no recibo más llamadas ni visitas, ya habló el hombre, ahora quiero que Usted me hable.

  Mi mamita linda se fue con el Señor un martes 23 de 2009, el jueves ya estaba evangelizando para la gloria de Dios, a las cinco de la mañana en alrededores del hospital de maternidad, a las tres de la tarde en las bartolinas de Montserrat y a las ocho de la noche atrás de Simán Centro, pues esa era la rutina de evangelismo de ese entonces.

  De un día para otro me tocó responsabilizarme de mis cosas, y de mis necesidades, déjeme contarle, que mi mamita linda, siempre fue además de muy trabajadora, con un corazón grande para ayudar al necesitado, sea quien sea, y así también muy sobre protectora, y comencé a aprender accidentadamente a lavar mi ropa, a planchar y a comprar las cosas del supermercado, desde lo más básico, que muchos ya sabían, yo a mis treinta y nueve años las estaba aprendiendo.

TENDENCIA SUICIDA

  Ese sábado, no recuerdo la fecha exacta, pero por mis problemas de insomnio, tomaba pastillas para dormir y fue la predicación de un pastor, que sumado a mi tendencia suicida, y mis problemas, soledad, ete. que tomé, según el médico, se lo dijo a mi hermana Xochilt, 60 pastillas, yo no recuerdo nada de ese momento.

  Solo recuerdo lo que sucedió al día siguiente, domingo, que los alimentos de los hermanos de La Tiendona, lo hizo mi hermana Xochilt y mi sobrina María José, y que con todo y lo débil que me sentía, se cumplió con mi Dios y se predicó su bendita palabra.

  Por esos días, en la iglesia que me congregaba, un joven de veinte años muere por tomar diez pastillas y yo me preguntaba, como un joven, con toda una vida por delante, muere con tan solo diez pastillas, y yo, con sesenta no, sin hijos, sin mujer, sin mi mamita linda, y sobre todo, cuando en ese entonces, en mi mente y en mi corazón, tenía la idea clara y equivocada que la vida, era una carga para mí.

  En el cumpleaños quince de mi sobrina María José, me llama un amigo Koki Panameño, quien me ayudó mucho, en los gastos funerarios de mi mamá, diciéndome que su hermano había muerto, que si podía acompañarlo, yo, dije que sí y me fui para San Vicente, allá ocurre algo, que definitivamente responde mucho a mis preguntas, pues estando en la vela del hermano de mi amigo.

  Comienzan a cantar una alabanza que dice: “entre tus manos, esta mi vida Señor”, y él me dice, “doctor, mejor salgamos”, casi lloraba, y allá afuera, se sincera: “gracias por venir doctor, porque yo sé, que usted como quería a su mamá, y en la vela, lo vi, con esperanza, cuando dijo que algún día la vería, y que daba gracias a Dios por prestarle un ángel estos cuarenta años”.

ESPERANZA EN EL DOLOR

  En ese momento, le vi sentido a todo, y le digo que él también puede tener esa esperanza en medio del dolor y de la pérdida de su hermano, reciba a Cristo, como su salvador personal, y milagrosamente, esa noche, esa persona, abrió su corazón para mi Rey y mi Señor, por ver en mí, el amor de Dios en medio del dolor.

  Cuando más volcado de lleno al servicio del Señor estaba y mi intimidad con él, era sana y próspera espiritualmente, por un rasgo de mi mal carácter no acepto reunirme con el pastor Gionanni, y eso significa mi salida de la Iglesia de “La Garita”; años después, con un Ministerio de Evangelismo que denominé “Compartiendo Su Palabra”.

  Comprendía evangelismo en cinco bartolinas, en el Hospital Bloom, los días lunes a las dos de la tarde, para niños con enfermedades terminales, La Tiendona, llevando alimento físico y espiritual los días domingo a indigentes de la zona, a las cinco de la mañana en los alrededores del Hospital de Maternidad,  y en parques, plazas y calles del centro de la ciudad, los días jueves por la noche y sábado por la mañana, es decir, los siete días de la semana, por lo menos dos veces por día, y en ocasiones hasta tres, era una bendición formar parte de semejante esfuerzo de parte del Señor.

PUERTA DE BENDICIÓN

  Un día viernes, yo estaba evangelizando, en los alrededores de la Zona Real, a las diez de la noche, cuando pasa un hombre con ropa de trabajo, es decir, saco y corbata, me le acerco y me dice que ya es cristiano, pero que por su trabajo bebe, que orara por él, pues su esposa es evangélica y él quiere dejar de tomar.

  Oramos y al finalizar la oración, me preguntó si tenía iglesia, donde predicaba, yo le dije que no, y él en ese momento pronuncia unas palabras que pocas semanas después le encontraría sentido, cuando me dijo “ya verá, que ya va a tener una iglesia adonde predicar y yo, lo voy a ver ahí predicar”, yo solo me sonreí, pero a escasas semanas, me estaban invitando a la vigilia a una iglesia Dios de Paz.

  Desde esa fecha, hasta el día de hoy, el Señor ha abierto esa puerta de bendición para que su palabra sea predicada por mi persona y si, se cumplió, también el hermano Sergio, me ha escuchado, en más de una ocasión, en ese ministerio hablar del evangelio de Dios.

Este testimonio continuará en nuestra próxima edición

*José Rigoberto De Orellana Eduardo, es abogado y notario salvadoreño y predica la Palabra de Dios

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