Thursday, April 23, 2026
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Cielo Azul, proyección del folclor salvadoreño

Por: Carol Guzmán

De togas a faldas de vuelo: El Grupo Folclórico Salvadoreño “Cielo Azul” ilumina Washington D.C. con raíces y corazón

  En el corazón de la capital estadounidense, donde el pulso político y la diversidad cultural convergen, un vibrante grupo de danza folclórica salvadoreña ha emergido, llevando consigo no solo coloridos trajes, sino la resiliencia y la pasión inquebrantable de su tierra natal.

  Se trata del Grupo Folclórico Salvadoreño Cielo Azul, una iniciativa nacida del duelo y la promesa, cuyo objetivo es garantizar que “el alma de El Salvador perdure para siempre”.

  La fundadora, Claudia Martínez, es una abogada de profesión que, como muchos compatriotas, dejó atrás una vida establecida en El Salvador en 2008. “Antes de emigrar, brindaba asesoría y servicios legales” nos cuenta.

Claudia Martínez, fundadora de Cielo Azul

  Su llegada a Estados Unidos la llevó por el camino de la construcción y limpieza de casas, hasta estabilizarse en el área de contabilidad. Sin embargo, su verdadera transformación comenzó mucho después, impulsada por un profundo dolor y una herencia cultural.

  Abril de 2024 marcó el nacimiento de “Cielo Azul”. La decisión de fundar el grupo llegó justo un año después de iniciar otro proyecto folclórico en Manassas, Virginia, pero con una motivación más íntima y poderosa.

  “Estaba pasando una crisis emocional. En febrero de ese mismo año falleció mi hermosa madre, Flor Marina Chicas de Martínez. Ella siempre fue la motivadora e impulsora de fomentar la cultura salvadoreña” relata la artista.

UNA PROMESA

  En ese momento de quiebre, se hizo una promesa: el folclore, ese arte que lleva “en las venas desde niña”, debía ser su camino para honrarla. La inspiración para el nombre del grupo surgió de un momento de conexión trascendental.

  “Miré al cielo, vi el rostro de mi madre en el cielo, las nubes, colores azul y blanco… una fusión de todo: ‘Cielo Azul’,” explica. Este grupo, legalmente registrado en Manassas, no es solo un conjunto de bailarines; es un faro de memoria viva.

  El objetivo de Cielo Azul es claro: ser un referente del folclore salvadoreño, donde cada baile “encienda el orgullo por nuestra herencia y conecte generaciones”. Sin embargo, el grupo enfrenta un reto que resuena con muchas comunidades migrantes: la desconexión generacional.

  “El mayor reto es la falta de transmisión de conocimiento y prácticas de generación a generación de nuestra cultura,” confiesa Claudia. “Las nuevas generaciones, expuestas a influencias externas, a menudo desconocen y no valoran el folclore del país”.

  A pesar de este desafío, cada presentación es un triunfo. “Disfrutamos con cada baile… todas las presentaciones ameritan una experiencia y un sentir hermoso”, dice con pasión.

UNA VISIÓN AMBICIOSA

  Hoy, el Grupo Folclórico Salvadoreño Cielo Azul se dirige con una visión ambiciosa y profundamente comunitaria. Buscan seguir creciendo, invitando a más niños, adolescentes y adultos a sumarse. Pero su meta final es aún más inspiradora:

  “Me dirijo y visiono la creación de una escuela donde se enseñe la danza folclórica, las tradiciones y costumbres de nuestro país, que lleguen a todos los rincones donde se encuentren hermanos salvadoreños fuera de nuestras fronteras patrias”.

  Para Claudia Martínez, la existencia de estos grupos es una cuestión de supervivencia cultural. “Somos los encargados de que la cultura de nuestros ancestros siga viva, somos los encargados de transmitir, enseñar y dar a conocer nuestras raíces a las futuras generaciones”, afirma categóricamente.

  Cielo Azul es la prueba de que un sueño, nacido del dolor y nutrido por la identidad, puede convertirse en una fuerza motivadora que trasciende fronteras. En cada zapateado, en cada giro de falda, la comunidad salvadoreña en Washington D.C. siente el eco de su tierra y la mirada protectora de un cielo que los une.

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