Por: Xavier Deras Solórzano
Cuando alguien te permite entrar en su vida, observa todo su entorno… y hazlo con los pies descalzos.
Hay lugares profundamente sagrados, y Aguilares tiene nombres que deben pronunciarse con respeto, porque existen hombres que no solo caminaron sobre esta tierra, sino que ayudaron a construirla.
Hoy rendimos homenaje a don Mauricio Cañas Prieto, propietario de la hacienda Pixixapa, caballero de palabra firme, amigo de mi padre, el profesor Deras, y amigo entrañable de todo un pueblo.
Gracias, Don Mauricio. Dondequiera que se encuentre, Aguilares siempre lo llevará en el corazón.
Pocos comprenden lo que significa entregar parte de la propia vida para asegurar el futuro de una comunidad. Usted donó los terrenos donde hoy se levantan instituciones que marcaron la historia de Aguilares: el parque central, la alcaldía municipal, la iglesia católica, la unidad de salud y muchas otras propiedades que continúan sirviendo al bienestar de la población.
Mientras muchos solo piensan en poseer, usted pensó en construir. Mientras otros acumulaban para sí mismos, usted dejó un legado para generaciones enteras y esa es la diferencia entre un hombre común y un hombre inolvidable.
Existen personas que destruyen con su ego lo que otros levantan con sacrificio. Pero también existen hombres como don Mauricio: hombres que edifican en silencio, sin buscar aplausos, sin exigir monumentos y sin necesitar reconocimiento.
Un hombre bueno puede transformar el destino de toda una ciudad. Aguilares siempre lo recordará don Mauricio, porque los edificios pueden envejecer, pero los actos nobles jamás mueren.
Hay momentos en que parece que actuar con rectitud no vale la pena. Uno ve a quienes mienten, traicionan o se aprovechan de los demás, y aparentemente prosperan. Sin embargo, hombres como usted demuestran que la verdadera grandeza no depende del aplauso, sino de la tranquilidad de la conciencia y de la dignidad con que se vive.
La vida tiene su propio ritmo, y lo que se construye con verdad nunca se derrumba.
Don Mauricio Cañas Prieto, gracias, caballero.
Gracias por pensar en Aguilares antes que en usted mismo.
Gracias por dejar huella donde otros apenas dejaron pasos.
Gracias por ser parte de la memoria viva de un pueblo entero.
Y aunque en algún momento hubo quienes intentaron borrar su legado retirando una placa conmemorativa en su honor, la historia no puede arrancarse con facilidad. La memoria de un pueblo vive en el corazón de su gente.
El nombre de don Mauricio Cañas Prieto seguirá vivo por generaciones, porque los hombres que construyen pueblos jamás mueren. Permanecen en las obras que dejaron, en el agradecimiento de su gente y en la historia de la tierra que tanto amaron.
