LUCAS 21:25-38

La segunda venida de Cristo es una de las promesas más gloriosas que tiene la iglesia, pero muchas veces es una de las verdades que menos impacta la manera en que vivimos. Sabemos que Cristo viene, lo hemos escuchado muchas veces, lo hemos leído en la Escritura, pero si somos honestos, muchas veces vivimos más enfocados en lo que está pasando en la tierra que en lo que viene del cielo.
Y eso es exactamente lo que Jesús quiere corregir en Lucas 21. Cuando Él habla de los últimos tiempos, describe un mundo en crisis, un tiempo de angustia, confusión y temor. Un tiempo donde las naciones estarán perplejas, el corazón del hombre desfallecerá y todo lo que parecía firme comenzará a temblar. Será un tiempo de lamento para muchos.
Habrá incertidumbre, desesperación y personas que no sabrán cómo enfrentar lo que están viendo. Pero en medio de ese cuadro, Jesús no habla con temor a sus discípulos, sino con esperanza. Y les dice algo que cambia completamente la perspectiva: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”
Aquí está la verdad que transforma todo: El mismo evento que traerá temor al mundo traerá redención al creyente. El mismo día que será de lamento para muchos será de gloria para la iglesia.
Por eso, la segunda venida de Cristo no es solo un evento profético, es el clímax de nuestra esperanza. Ese será el día cuando nuestra fe será vista, cuando nuestra esperanza será cumplida y cuando entraremos en la plenitud de todo lo que Dios prometió. Por eso Jesús dice: levanten la cabeza, no vivan dominados por el temor, no interpreten los tiempos como el mundo.
Levanten la mirada, porque lo que viene es glorioso. Para muchos será un día de lamento, pero para el creyente será el día glorioso de nuestra redención final. Porque ese día no será cualquiera de los que hemos visto, sino el “día más glorioso de todos” …
I. CUANDO EN LA CREACIÓN HABRÁ SEÑALES JAMÁS VISTAS
A “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas…” v. 25. Jesús comienza describiendo una escena de sacudimiento universal. No se trata de una crisis común, sino de una conmoción que alcanza los cielos, la tierra y el corazón humano. Lo que el hombre consideraba estable será removido. Las naciones estarán confundidas, el mar rugirá, las potencias de los cielos serán conmovidas y los hombres desfallecerán por el temor.
B. “…. desfalleciendo los hombres por el temor…” v. 26. Este texto nos dice que el temor del mundo revelará su falsa seguridad. Porque el corazón humano, acostumbrado a confiar en gobiernos, riquezas, ciencia, estabilidad y poder, será confrontado con su fragilidad. El mundo ha construido seguridades sin Dios, pero aquel día revelará que todo fundamento humano es insuficiente.
II. CUANDO VEREMOS AL HIJO DEL HOMBRE VENIR EN SU GLORIA
A. “Entonces verán al Hijo del Hombre…” v. 27. Después de hablar de angustia, confusión y temor, Jesús dirige la mirada al centro del pasaje: su venida visible, poderosa y gloriosa. La esperanza cristiana no descansa simplemente en que los tiempos difíciles terminarán, sino en que Cristo aparecerá. Él no vendrá oculto, débil ni humillado como en su primera venida, sino como Rey exaltado.
B. “… que vendrá en una nube con poder y gran gloria” v. 27b. Mientras que la primera venida de Cristo estuvo marcada por humildad: nació en un pesebre, vivió como siervo y murió en una cruz, la segunda venida estará marcada por poder y gloria. No vendrá para ser juzgado, sino para juzgar; no vendrá para ser rechazado, sino para reinar; no vendrá para cargar el pecado, sino para consumar la salvación de los suyos y la derrota de sus enemigos.
III. CUANDO OIREMOS DE LA FINALIZACIÓN DE NUESTRA SALVACIÓN
A.“Cuando estas cosas comiencen a suceder… vuestra redención está cerca.” V. 28. Este versículo es el corazón pastoral del pasaje. Jesús no dice a sus discípulos que se escondan desesperados, ni que vivan paralizados por el temor, sino que se enderecen y levanten la cabeza. La postura del creyente ante los últimos tiempos no debe ser la del pánico, sino la de la esperanza.
La razón es clara: nuestra redención está cerca. Aquí la redención no se refiere al inicio de la salvación, sino a su consumación final. Ya hemos sido redimidos por la sangre de Cristo, pero todavía esperamos la redención plena de nuestro cuerpo, la liberación definitiva del pecado, del sufrimiento, de la muerte y de toda corrupción.
B. “Mirad la higuera y todos los árboles…” vv. 29-33. Jesús usa una imagen sencilla de la vida diaria para enseñar una verdad profunda sobre su venida. Así como cuando la higuera brota sabemos que el verano está cerca, cuando estas señales comiencen a cumplirse debemos saber que el reino de Dios está cerca.
IV. CUANDO SEREMOS RECONOCIDOS DIGNOS DELANTE DE ÉL
A.“Velad… que seáis tenidos por digno…” v. 36. Jesús concluye su enseñanza no con especulación, sino con exhortación. La doctrina de la segunda venida no fue dada para satisfacer curiosidad, sino para producir santidad, sobriedad y oración. El peligro no es solamente el temor ante la crisis, sino la distracción antes de ella.
Jesús advierte contra corazones cargados de glotonería, embriaguez y afanes de esta vida. Es posible creer doctrinalmente que Cristo viene y, sin embargo, vivir espiritualmente dormidos. Esa experiencia la vivieron los discípulos, quienes al momento donde se les demandó la más grande vigilancia, se durmieron (Mateo 26:41-43).
B. Velad… que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas… y estar en pie…” v. 36. “Velad” es la palabra más importante de este pasaje. En esto la oración, como alguien lo dijo, es la respiración de la vigilancia. No podemos mantenernos firmes solo con conocimiento profético; necesitamos dependencia constante de Dios. La meta es “estar en pie delante del Hijo del Hombre”.
CONCLUSIÓN: Amados, este pasaje nos deja frente a una pregunta inevitable: ¿cómo nos encontrará aquel día? Jesús no habló de su venida para que juguemos con fechas, señales o especulaciones, sino para que despertemos, nos arrepintamos y pongamos nuestra esperanza en Él. Para el mundo, aquel día será día de angustia, confusión y temor; pero para los que están en Cristo será el día glorioso de la redención final.
La diferencia no estará en cuánta información profética tengamos, sino en si pertenecemos o no al Hijo del Hombre. Por eso, si hoy estás en Cristo, levanta tu cabeza, guarda tu corazón, persevera en oración y vive como quien espera a su Rey. Pero si todavía no has rendido tu vida al Señor, no endurezcas tu corazón.
El mismo Cristo que vendrá con poder y gran gloria es el Cristo que primero vino en humildad para morir por pecadores. Él cargó en la cruz la culpa que nosotros no podíamos pagar, resucitó victorioso y hoy llama al pecador al arrepentimiento y a la fe. No esperes al día en que todos lo verán como Juez para buscarlo; ven hoy a Él como Salvador.
Hoy es día de gracia, hoy es día de salvación, hoy puedes levantar la mirada no con temor, sino con fe. Porque solo los que se refugian en Cristo podrán estar firmes delante del Hijo del Hombre cuando llegue el día de nuestra redención final.
Julio Ruiz es pastor de la Iglesia Bautista, Ambiente de Gracia, ubicada en la 5424 Ox Rd. Fairfax Station, VA 22039 Tel. 571-251-6590 (pastorjulioruiz55@gmail.com)
