Monday, October 26, 2026
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El sacrificio continuo y la presencia de Dios en medio de su pueblo

POR: REV. JULIO RUIZ*

Lectura bíblica sugerida: Éxodo 29:38–46.

Versículos clave: Éxodo 29:42–46.

El capítulo 29  termina con una de las declaraciones más hermosas del libro: Dios promete habitar en medio de los hijos de Israel y ser su Dios. Esto nos lleva al propósito central del tabernáculo: Dios no solo redime a su pueblo para sacarlo de Egipto, sino para morar con él. La redención culmina en presencia. Dios salva para comunión.

“Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos de un año cada día…” (v. 38). El sacrificio diario consistía en dos corderos, uno por la mañana y otro al caer la tarde. Esto establecía un ritmo de adoración constante. Israel debía comenzar y cerrar el día recordando que su relación con Dios dependía de sacrificio, expiación y entrega. La comunión con Jehová requería mediación. Cada mañana y cada tarde, el altar testificaba que Dios era santo y que el pueblo necesitaba gracia para permanecer delante de Él.

“El otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde…” (vv. 39–41). La repetición del sacrificio en la mañana y en la tarde enseña continuidad. No era un acto aislado, sino una práctica regular que sostenía la vida litúrgica del pueblo. El sacrificio marcaba el tiempo de Israel. El día entero quedaba enmarcado por la adoración. Esto tiene una enseñanza espiritual para nosotros. La vida con Dios no debe reducirse a eventos ocasionales. Dios llama a su pueblo a una comunión continua, a una dependencia diaria y a una adoración perseverante.

Matthew Henry observa que el sacrificio de la mañana y de la tarde enseñaba al pueblo a mantener una relación constante con Dios, comenzando y terminando el día bajo la conciencia de su necesidad de expiación y misericordia. Fuente: Matthew Henry, Comentario Bíblico de Matthew Henry, comentario a Éxodo 29:38–42.

“Esto será el holocausto continuo…” (v. 42). La palabra “continuo” es fundamental. El altar no debía quedar sin testimonio sacrificial. La repetición también mostraba la insuficiencia de aquellos sacrificios para resolver definitivamente el pecado. Si debían ofrecerse cada día, era porque esperaban una obra mayor. El Nuevo Testamento nos muestra esa obra en Cristo. Él no ofreció sacrificios repetidos, sino que se ofreció a sí mismo una vez para siempre. El sacrificio continuo del altar encuentra su cumplimiento en el sacrificio perfecto del Cordero de Dios.

“A la puerta del tabernáculo… donde me reuniré con vosotros” (v. 42) El altar se encontraba en el contexto de la reunión entre Dios y su pueblo. Dios promete encontrarse allí con Israel. El sacrificio no era un rito vacío, sino el medio ordenado por Dios para que el pueblo pudiera acercarse a su presencia. Esto enseña que la adoración bíblica tiene un centro: Dios se reúne con su pueblo conforme a su provisión. No somos nosotros quienes diseñamos el encuentro con Dios; es Él quien establece el camino.

C. J. Ellicott señala que el sacrificio continuo en la puerta del tabernáculo estaba ligado a la promesa de encuentro entre Dios e Israel, mostrando que el altar funcionaba como el lugar donde la comunión era sostenida por sacrificio. Fuente: C. J. Ellicott, Ellicott’s Commentary for English Readers, comentario a Éxodo 29:42–43.

“Y santificaré el tabernáculo… y a Aarón y a sus hijos…” (vv. 43–44). Dios mismo santifica el tabernáculo, el altar y los sacerdotes. Esto es esencial. Aunque Moisés realiza los ritos, la santificación definitiva pertenece a Dios. Ningún acto humano puede hacer santo algo si Dios no lo aparta para sí. La gloria de Dios es la que santifica el lugar. La presencia divina transforma el tabernáculo en espacio santo. Esto nos recuerda que la santidad no nace del objeto ni del lugar en sí mismo, sino de la presencia y la elección de Dios.

“Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios” (v. 45). Este versículo resume el corazón del tabernáculo. Dios quiere habitar en medio de su pueblo. La redención de Egipto tenía esta meta: no solo liberar esclavos, sino formar un pueblo en comunión con Dios. Israel sería conocido como el pueblo en medio del cual Jehová habitaba. Esta verdad atraviesa toda la Biblia. En el Edén, Dios estaba con el hombre; en el tabernáculo, Dios habita en medio de Israel; en Cristo, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; en la iglesia, Dios mora por su Espíritu; y en la nueva creación, Dios habitará con su pueblo para siempre.

“Y conocerán que yo soy Jehová su Dios…” (v. 46). El propósito de la liberación es el conocimiento de Dios. Israel debía saber que Jehová los sacó de Egipto para habitar en medio de ellos. La salvación no termina en libertad externa; culmina en relación con Dios. Ser libres sin conocer a Dios sería una liberación incompleta. Esto corrige una comprensión superficial de la redención. Dios no nos salva simplemente para mejorar nuestras circunstancias, sino para que le pertenezcamos, le adoremos y vivamos en comunión con Él.

Cristo, el Cordero y la presencia de Dios. El sacrificio continuo apuntaba a una necesidad constante de expiación. Cristo cumple esta figura como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Su sacrificio no necesita repetirse, porque es perfecto y suficiente.

Además, Cristo es la presencia de Dios en medio de su pueblo. En Él, Dios habitó entre nosotros. Por su obra, ahora tenemos acceso al Padre y somos templo del Espíritu Santo. Lo que el tabernáculo anunciaba, Cristo lo realiza plenamente.

Verdades teológicas

1.       La comunión con Dios requiere sacrificio y mediación.

2.       El sacrificio continuo enseñaba dependencia diaria de la gracia de Dios.

3.       Dios se reúne con su pueblo conforme al camino que Él establece.

4.       La presencia de Dios santifica el tabernáculo y el ministerio.

5.       La redención tiene como meta que Dios habite con su pueblo.

6.       Cristo cumple el sacrificio continuo y la presencia divina entre nosotros.

Preguntas para nuestra reflexión

¿Qué nos enseña el sacrificio diario sobre la necesidad constante de gracia?

¿Por qué era importante comenzar y terminar el día con sacrificio?

¿Qué significa que Dios salve para habitar en medio de su pueblo?

¿Cómo se cumple esta promesa en Cristo?

¿Estamos viviendo nuestra fe como comunión diaria o solo como momentos ocasionales?

Aplicación para nuestra vida espiritual

Éxodo 29:38–46 nos recuerda que Dios no redime para mantener distancia, sino para habitar con su pueblo. El sacrificio continuo mantenía viva la conciencia de que la comunión con Dios requería gracia cada día. Hoy descansamos en un sacrificio mejor: Jesucristo. No necesitamos corderos diarios, porque el Cordero perfecto ya fue ofrecido.

La oración de la palabra expuesta

Señor, gracias porque nos redimiste para tener comunión contigo. Gracias por Cristo, el Cordero perfecto, cuyo sacrificio nos da acceso seguro a tu presencia. Enséñanos a vivir cada día dependiendo de tu gracia y adorándote con gratitud. Habita en medio de nosotros y haznos un pueblo para tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

Julio Ruiz es pastor de la Iglesia Bautista, Ambiente de Gracia, ubicada en la 5424 Ox Rd. Fairfax Station, VA 22039 Tel. 571-251-6590 (pastorjulioruiz55@gmail.com)

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