Saturday, March 7, 2026
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Más allá de la apariencia    

(LUCAS 11:37-44)

POR: REV. JULIO RUIZ*

INTRODUCCIÓN:

Uno de los asuntos más desafiantes en la vida es llegar a ser verdaderamente auténticos. A menudo, parece más fácil presentar una vida de apariencia en lugar de ser genuinos y transparentes. Un ejemplo ilustrativo de esto se encuentra en la historia de Israel y su primer rey, Saúl. Cuando Israel buscaba un líder, todos fueron impresionados por la apariencia de Saúl, un hombre alto y apuesto (1 Samuel 9:1-2). Si hubiera existido Hollywood en aquel entonces, Saúl habría sido un candidato ideal para protagonizar una película épica como la de Superman. Sin embargo, detrás de su apariencia impresionante, Saúl reveló su verdadero carácter. Desobedeció el llamado de Dios, perdió su unción y terminó siendo rechazado por Dios. Lo que llama la atención es que, a pesar de este fracaso estrepitoso en la elección del primer rey, Samuel siguió adelante con la misión de encontrar un sustituto. Cuando llegó a la casa de Isaí, se le presentaron siete hijos, y al examinar a cada uno de ellos, Dios le recordó que no debía mirar su apariencia externa ni su belleza, porque “el hombre mira lo que está delante, pero Dios mira el corazón” (1 Samuel 16:1-13). Al final, fue David quien fue elegido, y llegó a ser conocido como el hombre según el corazón de Dios. La historia de Saúl y David nos enseña que las apariencias pueden ser engañosas. En el Nuevo Testamento, encontramos a personas que viven de acuerdo con la apariencia y son llamadas “hipócritas” por Jesús. Un ejemplo claro es el de los fariseos, que se enfocaban en la apariencia externa y olvidaban la importancia de la autenticidad y la fe genuina. Qué hace la aparariencia.

I.         LA APARIENCIA SE DEJA GUIAR POR LA TRADICIÓN

I. La apariencia se deja guiar por la tradición. La apariencia establece su propio estándar de santidad (v. 37). Una de las cosas que admiramos de Jesús es su vida desprejuiciada y su aceptación de todos los hombres. Verlo aceptar la invitación de este fariseo, y luego entrar a su casa y sentarse a la mesa y comer con él es una muestra de tolerancia y amor. En Lucas 19:10, se nos recuerda la misión del Salvador: buscar y salvar lo que se había perdido. Aunque Jesús fue duro con los fariseos, eso no le restó su amor por ellos. Los fariseos se preocupaban más por la apariencia, que incluía sus tradiciones, y Jesús sabía cómo eran dados a estudiar la ley. En este texto, encontramos un total de cinco “ayes” dirigidos a los fariseos. Cuando el fariseo vio que Jesús no se lavó las manos para comer, inmediatamente reveló su estándar humano de santidad. El no haberlo hecho era para el anfitrión una señal de impureza moral. Los lavamientos del cuerpo, los ayunos y las posturas para orar son inútiles si el corazón no es recto. Criticar las formas externas es pretender vivir una santidad externa y superficial.

2.  La apariencia sustituye el mandamiento de Dios por el suyo. La apariencia también puede llevar a sustituir el mandamiento de Dios por el nuestro propio (Éxodo 30:17-21). Los fariseos habían interpretado el mandamiento antiguo con la llamada tradición de los ancianos, llevándolo al extremo de lo que aquí aparece. Ellos sustituyeron los mandamientos de Dios por un estándar inalcanzable de santidad. Al hacer esto, la tradición llegó a tener tanta autoridad como los mandamientos. Los fariseos crearon sus propios “dogmas” con la misma autoridad de la Biblia. ¿Alguna vez has juzgado a otro cristiano porque no hizo algo que la Biblia no le prohíbe, pero que tú crees que debería tener prohibido? El engaño de un corazón fariseo es que los hombres pueden ser “piadosos” sin ser convertidos. El engaño del diablo es hacernos creer que podemos llevar una apariencia de santidad fuera de la Palabra de Dios.

II.        LA APARIENCIA LE IMPORTA MÁS LO DE AFUERA

1. Limpios por fuera, pero sucios por dentro v. 39. Qué duras son las palabras de este texto. Aunque Jesús fue un caballero respetuoso, nunca transigió con la hipocresía. Cuando se dio cuenta de la mirada y los pensamientos del fariseo, inmediatamente comenzó a denunciar la valoración que éste le daba a lo de afuera en lugar de lo de adentro. Jesús reprocha a quienes defienden el estar limpios por fuera, pero sucios por dentro. En realidad, lo que importa es lo de adentro. Solemos tener una valoración de las personas por la manera cómo se viste, cómo habla o cuánto tiene. Pero la apariencia jamás es una regla para medir a otra persona. Uno de los asuntos con los que más luchamos es el de ser auténticos.

2. “¡Necios! ¿No hizo Dios tanto el interior como el exterior?” v. 41. La respuesta es afirmativa. Dios ha hecho ambas cosas, y ambas cosas las quiere limpias. El sentido de esta declaración de Jesús es que no se puede agradar a Dios con una pureza meramente externa y ceremonial mientras se descuida la pureza interior y la limpieza del corazón. La lección que Jesús está dando al fariseo es que él no puede pedir una limpieza externa mientras está sucio por dentro. Quien hizo todas las cosas hizo también al hombre interior y exterior, y requiere que el corazón sea limpiado de su maldad. Este punto es determinante en la vida espiritual porque Jesús está dando las directrices para lo que debe ser una vida de integridad total.

3. “Dad primero la ofrenda de tu corazón” v. 41.  La mayoría de los comentaristas coinciden en señalar lo difícil que es este texto en su interpretación. Sin embargo, si lo interpretamos en el contexto de lo de adentro que en lo de afuera, la traducción pudiera ser así: “Da primero la ofrenda de tu hombre interior. Da tu corazón, tus emociones, tu voluntad a Dios, como la primera gran limosna que ofreces, y entonces todas tus demás acciones, procedentes de un corazón recto, serán un sacrificio aceptable y una ofrenda limpia a los ojos de Dios”. Esto significa que debemos entregarle primero nuestro hombre interior a Dios, y entonces nuestros dones y servicio serán aceptables. Como dice J. C. Ryle, “Entregaos primeramente al Señor, y entonces a Él le agradarán vuestras ofrendas”.

III.      LA APARIENCIA PASA POR ALTO LO DE MÁS VALOR

Jesús aprobó el diezmo como algo bueno (v. 43). Contrario a lo que algunos piensan sobre si debemos diezmar hoy en día, Jesús le dio su aprobación, pero cuestionó la motivación correcta. En Mateo 23:23, Jesús reafirma esta verdad y critica a los fariseos por darle más valor a las cosas menos importantes, como diezmar la menta, el eneldo y el comino, y no hacer lo de mayor valor, como la justicia, la misericordia y la fe. Los llamó hipócritas por esta actitud. La palabra “ay” se utiliza como una expresión de advertencia o lamento, similar a un “¡cuidado!” o “¡qué triste!”. La versión NTV lo traduce como “¡Qué aflicción les espera, fariseos!”. Jesús está señalando que, aunque los fariseos cumplan meticulosamente ciertos rituales o leyes, están fallando en vivir los valores fundamentales que Dios espera, como la justicia y la misericordia. Si esto no es lo que predomina en nuestra vida espiritual, lo demás será cumplimientos externos. Como dice el profeta, “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí”. La vida cristiana debemos vivirla para la gloria de Dios, no por obligación ni para nuestra propia gloria. Jesús nos dice que podemos seguir diezmando “sin dejar de hacer lo otro”, es decir, lo de mayor valor.

IV.      LA APARIENCIA LE INTERESA MÁS EL RECONOCIMIENTO

1. Parecer no es lo mismo que llegar a ser 43.  Vean las dos cosas que les gusta a los fariseos: amar el primer asiento en la sinagoga y esperar el saludo en las plazas. Cuando Jesús dice que los fariseos “aman las primeras sillas en las sinagogas”, se está refiriendo a su deseo de ocupar los lugares de mayor honor y visibilidad durante los servicios religiosos. Estas sillas eran reservadas para las personas consideradas importantes o destacadas. Al mencionar que buscan “las salutaciones en las plazas”, señala que disfrutan del reconocimiento público, de los saludos y títulos especiales que la gente les da en lugares públicos. La apariencia busca siempre el reconocimiento. El “síndrome fariseo” es aquel cuya vida y lo que hace no es por amor a otros, sino por amor a sí mismo y por buscar un reconocimiento. En resumen, Jesús está criticando la hipocresía y el orgullo de quienes practican la religión solo por obtener prestigio, elogios y reconocimiento humano, en lugar de buscar agradar verdaderamente a Dios. ¿Me importa más la apariencia? ¡Cuidado, porque la vanidad espiritual es una apariencia superficial!

2. La vida como un sepulcro por encima v. 44.  Jesús fue el maestro de las ilustraciones. Sus enseñanzas siempre estuvieron respaldadas por ilustraciones cotidianas. Todo lo que estuvo delante de Él sirvió para ilustrar sus mensajes, y las metáforas fueron una de sus preferidas. En este ejemplo, Jesús comparó la vida de los fariseos con “sepulcros que no se ven”. ¿Ha caminado usted en cementerios sobre tumbas que no se ven? En la ley judía, los sepulcros eran considerados impuros, y cualquier persona que tocara un sepulcro o caminara sobre él se consideraba impura y necesitaba realizar rituales de purificación. Para evitar que las personas se contaminaran accidentalmente, los sepulcros eran blanqueados con cal para que fueran visibles y las personas pudieran evitarlos. Cuando Jesús dice que los fariseos son “como sepulcros que no se ven”, está acusándolos de ser impuros por dentro, aunque parecen puros y justos por fuera. Los fariseos se presentaban como modelos de virtud y piedad, pero en realidad estaban llenos de hipocresía y maldad. Al igual que los sepulcros impuros que no se ven, los fariseos eran una fuente de contaminación espiritual para aquellos que los seguían.

CONCLUSIÓN. La mejor palabra para definir al fariseo que invitó a Jesús a comer a su casa es “hipócrita”. Aunque esta palabra puede ser considerada fea y ofensiva por algunos, Jesús la utilizó contra los escribas y fariseos unas catorce veces en tres de los evangelios. Nadie más recibió esta acusación con tanta dureza. ¿Por qué lo hizo? Porque la palabra “hipócrita” se refiere a un actor o intérprete en un teatro que se disfraza o interpreta un papel diferente al suyo propio. Jesús subrayó la importancia de la sinceridad, la pureza interior y la coherencia entre lo que se dice y lo que se es. Más que una acusación para humillar es un llamado al arrepentimiento y a la transformación genuina. El novelista Somerset Maugham, quien no era cristiano, tuvo una visión particularmente útil sobre el pecado de la hipocresía. Dijo: “La hipocresía es el vicio más difícil y estresante que cualquier hombre puede tener; requiere una vigilancia incesante y un desapego espiritual excepcional. No puede, como el adulterio o la glotonería, practicarse en los momentos libres; es un trabajo de tiempo completo”. Esto revela la actitud de engañar a todos los que nos rodean, haciéndoles creer que somos algo que no somos. Pero somos necios, porque si engañamos a alguien a nuestro alrededor, nunca engañamos a Dios. Jesús dice que no podemos engañar a Aquel que nos creó por dentro y por fuera. Dios siempre sabe cuándo estamos sucios por dentro, y recuerda, lo que importa es lo que está dentro. ¿Es mi vida una apariencia o soy alguien auténtico?

¿Por qué Jesús cuestionó tanto la vida de los fariseos, hasta llamarlos hipócritas, dejándonos con ese ejemplo lo que significa vivir una vida de apariencia?

Julio Ruiz es pastor de la Iglesia Bautista, Ambiente de Gracia, ubicada en la 5424 Ox Rd. Fairfax Station, VA 22039 Tel. 571-251-6590 (pastorjulioruiz55@gmail.com)

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