Saturday, March 7, 2026
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Coronel Peraza: No fue intensión del soldado disparar a la mujer en el Centro Histórico

En esos momentos de tribulaciones siempre hay personas que recuerdan haber pasado por una situación similar a la de Jorge Benítez, pero en otro escenario y en otro año, como fue el caso del ahora coronel en calidad de retiro, Óscar Peraza, en 1989 y en una de las instalaciones de la Fuerza Armada.

Luego que se diera a conocer que un soldado por error disparó su arma de equipo en el Centro Histórico de San Salvador y mató a una mujer que transitaba en la acera de la fachada del Palacio Nacional, en redes sociales muchas personas han argumentado que no se trató de un simple accidente y que pudo haber dolo de parte del hombre que portaba el arma de guerra, aumentando el morbo por lo tardío en que las autoridades presentaron al responsable.

Sin embargo, por medio de un mensaje de texto la Fuerza Armada aceptó el error del militar, se unió al pesar de la familia de la víctima y a manera de resarcir los daños ofreció una indemnización de doscientos mil dólares, que de sobra se sabe que no es suficiente porque la vida no tiene precio.

Pero en medio de esa tragedia había dos familias que sufrían. Por un lado, la familia de la mujer fallecida, Jéssica Solís, de 32 años, originaria del cantón Chilamate, en Nueva Concepción, Chalatenango, porque ya nunca verían a su ser querido y, por otro lado, los parientes del soldado Derman Fernando Jorge Benítez, porque de la noche a la mañana veían como el mundo se les venía encima, se terminaban los sueños, los ideales y de por vida, el joven militar tendría que cargar con esa muerte accidental, más los años de cárcel que le podrían imponer de no llegar a una conciliación.

En esos momentos de tribulaciones siempre hay personas que recuerdan haber pasado por una situación similar a la de Jorge Benítez, pero en otro escenario y en otro año, como fue el caso del ahora coronel en calidad de retiro, Óscar Peraza, en 1989 y en una de las instalaciones de la Fuerza Armada.

Para ese año, Peraza se describe que en ese momento fue “el soldado que accionó un arma” y que por poco mata a otro que se cruzó en la ruta del proyectil 5.56 milímetros de un viejo fusil M-16 que estaba en un museo militar.

En su cuenta de Facebook, Óscar Peraza dice recordar que a varios elementos de tropa los mandaron a limpiar las armas de un museo militar, donde estaban fusiles que servían de trofeo por haber sido arrebatados a la exguerrilla del FMLN.

Si, fue un viejo fusil M-16 de fabricación norteamericana, que estaba casi destruido y colgaba en una tabla con una plaquita que decía el nombre de la patrulla militar que lo había recuperado. El fusil tenía roto el cargador, el guardamano también estaba dañado y no tenía seguro para accionar el sistema de disparo.

“Con un trapo lleno de aceite me apresuré, metí la mano por el guardamano y sin querer presioné el disparador. El silencio se rompió con una explosión y después, con los gritos. Había un compañero herido, humo y mucho miedo en el ambiente. En segundos, todo se volvió caos”, detalla el militar en calidad de retiro.

En esa misma línea dice que, los oficiales entraron al rancho de palma repartiendo gritos y golpes. “En ese momento yo no sentía el dolor físico y solo pensaba en mi amigo tirado en el suelo”, relata y añade, que de castigo lo pararon descalzo sobre grava y con dos bolsas de arena en la nuca, al tiempo que el teniente Flores Argumedo le gritaba, “lo mataste y hoy te vas al penal de Mariona”.

“Mi cuerpo temblaba, el sol quemaba y el corazón me pesaba más que el mundo. Recuerdo que un helicóptero se lo llevó al Hospital Militar, y yo solo pensaba: “Dios, que no se muera, por favor. Nunca quise hacer daño y no tuve la mínima intención de hacerlo”, agrega Óscar Peraza.

Pero el militar reconoce, que a veces la vida se empeña en poner al individuo donde nadie quiere estar. “Me sentía como un conejito rodeado de tigres, sin poder explicarme, sin poder moverme, sin saber cómo pedir perdón por algo que no quise hacer. Media hora después llegó mi general Bustillo, junto al “Charlie Venado” y otro con el apelativo de “Chuck Norris”.

Si más preámbulos, el oficial a cargo del grupo dio parte de lo ocurrido, pero los militares de alto rango no gritaron, no lo siguieron golpeando a Peraza y solo observaron la escena y al poco tiempo descubrieron que aquel viejo fusil nunca debió estar cargado y lo grave del caso, es que el cerrojo estaba pegado a la tabla decorativa, sin seguro, sin palanca, sin forma de ser revisado.

“Bájate de ahí, me dijo el Venado y no te preocupes, vámonos, porque si no estos pendejos van a seguir golpeándote”, es la orden que en ese momento recibió Peraza y luego salieron de esa instalación militar.

“Ese día comprendí lo que es tener un corazón bueno y aun así ser juzgado como un criminal. Desde entonces aprendí que a veces uno comete errores sin intención, y que lo más duro no es el castigo físico, ya que es la incomprensión de mucha gente que grita sin saber, que acusa sin entender lo que es tener un fusil entre las manos y un corazón lleno de miedo”, asegura el coronel.

En su reflexión, Óscar Peraza le manda un mensaje a ese soldado que ahora es señalado de homicidio, de asesinato y de un crimen: “tenga fe, porque el tiempo limpia, el tiempo explica y el tiempo perdona. No pierda la calma porque Dios sabe lo que hay en su corazón y eso es lo único que realmente importa”.

“Lo de la señorita es una tragedia inmensa y hay dos madres llorando, dos familias destrozadas… Pero también sé que usted no quiso eso, por ello nadie puede juzgar lo que no vio ni sintió. Dios reciba a esa muchacha y le dé paz eterna y a usted comando, que le dé fuerza para cargar este peso con dignidad. Mi amigo, aquel soldado herido, sobrevivió todo remendado, sí… pero vivo y hoy, todavía somos grandes amigos, porque Héctor Rivas Martínez supo que nunca fue mí intención hacer daño”, afirma.

“Un abrazo hijo. Donde quiera que esté, no olvide que hay otros que también estuvimos ahí: temblando, llorando y rezando, porque al final, lo que más duele no son los golpes, ni los gritos, ni el juicio del mundo. Lo que más duele es el dolor del otro y solo los que lo hemos vivido, lo entendemos. Un abrazo comando y que Dios te bendiga”, puntualizó Óscar Peraza.

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