Saturday, March 7, 2026
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Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí

POR: REV. JULIO RUIZ*

LA PALABRA EXPUESTA

 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida.  Gloria de los hombres no recibo.  Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.  Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ese recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?  No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.  Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.  Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5:39-47).

Jesús ha venido hablando de quienes dan testimonio de Él, y en esta porción se refiere a las Escrituras como el otro gran testigo, ya que ellas lo revelan desde el principio. Ante esto, Jesús advierte que la verdadera esperanza debe estar en la revelación de Dios, y no en la simple tradición religiosa. Resalta que Moisés escribió acerca de Él, y si no creen a Moisés, tampoco podrán creer en sus palabras. Este es el corazón de la presente enseñanza.

“Escudriñad las Escrituras…” El presente imperativo confrontaba a los judíos “estudiosos” para que en esas Escrituras, tan leídas por ellos, buscaran la vida eterna. Su mayor problema era que habían estudiado, pero no habían aprendido nada; miraron, pero no vieron. Las Escrituras eran todas acerca de Jesús. Él había venido a ellos con señales y milagros, pero ellos no creían. No querían acercarse a Él para encontrar la misma vida que estaban buscando en las Escrituras.

“Gloria de los hombres no recibo…”. Jesús deja claro que no busca el reconocimiento humano ni la aprobación social. Su misión y autoridad provienen de Dios, y no del prestigio ante los demás. Esto muestra su humildad y fidelidad al propósito divino, sin dejarse influenciar por intereses terrenales. Enseña que la verdadera gloria es la que viene de Dios, no la que otorgan las personas. Así, invita a no vivir para el aplauso de los hombres, sino para agradar a Dios.

Bob Utley, comenta esto, diciendo: “Estas testifican de Mí” Se refiere a los escritos del Antiguo Testamento. En el libro de Hechos, la mayoría de los primeros sermones de Pedro (Hch 3:18; 10:43) y Pablo (Hch 13:27; 17:2–3; 26:22–23, 27) usa el cumplimiento de las profecías como evidencia del mesianismo de Jesús” (El Evangelio de Juan: Las Memorias Del Discípulo Amado, (Marshall, TX: Lecciones Bíblicas Internacional, 2015), Jn 5:39.

“Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís…” Jesús señala que, a pesar de venir con la autoridad y el respaldo de Dios Padre, muchos no le aceptan. Denuncia la ceguera espiritual y la resistencia ante la verdadera revelación. Además, evidencia la paradoja de rechazar al que realmente viene de parte de Dios, mientras se acepta con facilidad a otros. Invita a examinar el corazón y la disposición para acoger la verdad.

“¿Cómo podéis vosotros creer… y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” Jesús cuestiona la autenticidad de la fe de quienes buscan únicamente la aprobación de las personas y no la de Dios. Esta actitud conduce a vivir de apariencias y deja el corazón vacío de la auténtica gloria que solo Dios puede otorgar. Jesús anima a cambiar de perspectiva y a valorar más la opinión de Dios que la de los hombres. Solo así se puede alcanzar una fe genuina y transformadora.

“… hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.” Jesús advierte que el propio Moisés, en quien los judíos fundamentan su fe y esperanza, será quien los acuse por no creer en Él. Moisés escribió sobre el Mesías y su venida, por lo que rechazar a Jesús implica rechazar también el mensaje de Moisés. Esta afirmación pone en evidencia la contradicción en la práctica religiosa de sus oyentes, pues la fidelidad a la ley y los profetas apunta a Cristo.

“Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí…” Jesús explica que la fe en Moisés lleva necesariamente a creer en Él, ya que ambos mensajes están en perfecta armonía. Moisés anunció la llegada de un profeta como Jesús, por lo que la incredulidad hacia Cristo implica también incredulidad hacia Moisés. Esta afirmación resalta la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La fe verdadera no se fragmenta, sino que reconoce la unidad del mensaje divino.

“Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” Jesús concluye que la falta de fe en los escritos de Moisés dificulta aceptar su propio mensaje. Esta pregunta invita a reconsiderar la actitud ante la Palabra de Dios y a abrirse plenamente a su mensaje. Jesús evidencia que la incredulidad es un obstáculo para recibir la vida que Él ofrece. Solo confiando en toda la Escritura se puede comprender y abrazar la verdad de Jesús.

Como aplicación final, Jesús invita a examinar profundamente las Escrituras, no solo a leerlas superficialmente. Destaca la importancia de buscar el significado auténtico y espiritual de los textos sagrados para descubrir la revelación de Dios. Esta búsqueda requiere reflexión y apertura de corazón, no solo conocimiento intelectual. De esta manera se encuentra la verdad que las Escrituras ofrecen. Jesús señala que el estudiar las Escrituras es la clave para entender su misión.

¿Por qué Jesús al hablar de los “testigos” de Él dejó a la Escrituras como su revelación final?

Julio Ruiz es pastor de la Iglesia Bautista, Ambiente de Gracia, ubicada en la 5424 Ox Rd. Fairfax Station, VA 22039 Tel. 571-251-6590 (pastorjulioruiz55@gmail.com)

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