
LA PALABRA EXPUESTA
Lectura bíblica sugerida: Éxodo 3:1–6. Versículos clave: Éxodo 3:2, 5–6.
Este texto describe el momento en que la rutina del desierto se convierte en revelación: Dios llama a su siervo Moisés a través de la zarza ardiente, sin consumirse. El pasaje une dos realidades que no deben separarse: la cercanía de Dios y la santidad de Dios.
Antes de enviar, el Señor se revela como el Dios del pacto (Abraham, Isaac y Jacob) y enseña a Moisés cómo debe acercarse: con reverencia. Así, el llamado comienza no con una estrategia, sino con adoración.
“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro…” 1. Moisés pasó de haber sido “…enseñado…en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en palabras y obras.” (Hechos 7:21) a tener el desierto como su nueva aula. Ahora Moisés pastorea en Horeb por cuarenta años, y será desde allí cuando vendrá el llamado de Dios para pastorear por cuarenta años más a Israel.
Y lo interesante en esta historia es ver como la geografía (Horeb/Sinaí) anticipa el lugar del pacto: el llamado del libertador ocurre donde después se formará el pueblo. Así trabaja Dios.
“Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema” v. 3. Ahora estamos en presencia del instrumento usado por Dios para llamar a su siervo. La curiosidad de Moisés era obvia: una zarza que arde y no se consume. La visión comunica un misterio: la presencia de Dios es real y poderosa, pero no destruye el instrumento que usa.
En el contexto de esta inusual visión, algunos han visto un símbolo de preservación. En efecto, es ver a Israel probado en una especie de “fuego prolongado”, pero no consumido. En esto hay esperanza.
Matthew Henry observa que el hecho de que la zarza ardiera sin consumirse puede leerse como un emblema de la iglesia bajo aflicción: oprimida, pero preservada por la presencia de Dios. Fuente: Matthew Henry, Matthew Henry’s Commentary on the Whole Bible, comentario a Éxodo 3:1–6 (BibleHub / BlueLetterBible; traducción propia).
DIOS LO LLAMÓ
“Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza…” v. 4. Dios creo una especie de “ilusión óptica” para mostrarle a Moisés el tránsito que va desde la curiosidad humana hacia la revelación divina. De esta manera, Moisés “se aparta” para ver, pero el texto enfatiza que el encuentro se vuelve llamado cuando “Jehová vio” y entonces “Dios llamó” (v. 4): la iniciativa final no es de Moisés, sino del Señor. La experiencia que vivió Moisés nos recordará más adelante que nadie entra al “ministerio” sin haber sido llamado por Dios.
“Quita tu calzado… porque el lugar… es santo” (v. 5) Esta escena es simplemente elocuente y sagrada. Pronto vemos que la cercanía de Dios no elimina la reverencia; la produce. Este es el llamado para ver que la santidad no es distancia fría, sino majestad que ordena la adoración.
La santidad aquí demandada no es por el terreno en sí, sino lo relativo a la presencia de Dios en ese particular momento cuando Moisés se acerca. Es esto, en efecto, una señal de pureza y respeto al quedar descalzo. Esta práctica se observa, en otras religiones, como signo de veneración.
QUITARSE EL CALZADO
Nota breve: quitarse el calzado en contextos sagrados expresaba humildad, respeto y conciencia de estar en un ámbito apartado para Dios. El gesto no hacía santo el terreno por sí mismo, sino que reconocía la santidad de la presencia divina manifestada allí.
“Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.” v. 6. El “yo soy” del v. 3 ahora es identificado como el Dios del pacto con los patriarcas, lo cual confirma la continuidad de la promesa y la seriedad del llamado.
Y es ante el llamado y la revelación del nombre de Dios, quien ahora se manifiesta siendo el Dios de sus antepasados, que Moisés termina cubriéndose su rostro, “porque tuvo miedo de mirar a Dios”. La presencia de Dios no debiera despertar menos que esto. Ahora el hombre mira a Dios es a través de Jesucristo.
La liberación que viene no nace de una idea abstracta de Dios, sino del Dios que se comprometió con los patriarcas. La promesa antigua, ahora es la revelación que Moisés escucha.
VERDADES TEOLÓGICAS
1. Dios es santo y determina las condiciones de acercamiento. 2. Dios es cercano: se revela y llama por nombre. 3. La redención se enraíza en el pacto: Dios actúa como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.
PREGUNTAS PARA NUESTRA REFLEXIÓN
¿Qué nos enseña la zarza ardiente sobre la santidad de Dios y la manera correcta de acercarnos?
¿Por qué Dios se presenta primero como el Dios de los patriarcas (v. 6) antes de enviar a Moisés?
APLICACIÓN PARA NUESTRA VIDA ESPIRITUAL
Dios se revela como cercano, pero nunca común. Esa experiencia la vemos en aquel fenómeno visto por Moisés en el desierto. La zarza ardiente nos llama a reverencia: no podemos tratar lo santo con ligereza. Acercarnos a Dios implica humildad, obediencia y adoración. Cuando recuperamos el asombro ante su santidad, también se renovará nuestra obediencia.
ORACIÓN SUGERIDA
Señor, enséñanos a acercarnos a ti con reverencia y fe. Perdona la ligereza de nuestro corazón cuando oramos sin ese sentido de tu presencia. Renueva en nosotros un santo temor por buscarte más. Que tu presencia transforme nuestra adoración y nuestra obediencia. Amén.
Julio Ruiz es pastor de la Iglesia Bautista, Ambiente de Gracia, ubicada en la 5424 Ox Rd. Fairfax Station, VA 22039 Tel. 571-251-6590 (pastorjulioruiz55@gmail.com)
